Capítulo 2 — Ella, a quien conocí por un juego (Primera parte) (2)
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Pero ya éramos mayores para andarnos con rodeos, y al usar el apodo de"cariño", esos rodeos naturales simplemente desaparecieron.
A partir de entonces, dejamos de lado las historias provocativas y empezamos a compartir principalmente cosas cotidianas y comunes: nuestros intereses, preocupaciones, temas del día a día. Por supuesto, también es cierto que yo tenía segundas intenciones, pero pensé que primero debía establecer una relación humana auténtica, así que me contuve deliberadamente para no parecer alguien que solo busca ligar.
Más adelante supe que precisamente por esa actitud ella llegó a confiar en mí.
Sabía que si lo mostraba demasiado abiertamente, podría tener efecto contrario. En fin, gracias a ese tipo de conversaciones, en poco más de un mes nos volvimos tan cercanos como si hubiéramos pasado decenas de veces ese tiempo juntos.
Y entonces, ya no había malentendidos entre nosotros, ni necesidad de andar midiendo cada palabra; nuestras charlas se volvieron naturales, fluidas y realmente interesantes.
—¿Cariño, todavía no te habías dormido?
—No, acabo de despertarme… Entré a ver si estabas, por si acaso…
—¿Ah, sí? ¿Ya entraste?
—Sí, encendí la computadora para arreglar unos asuntos del negocio antes de dormir.
—Pero si ya son las tres de la mañana… ¿A qué hora piensas dormir?
—Hoy no ha habido mucho movimiento, en diez minutos termino. Oye, ¿y tú cómo estás?
—¿Cómo voy a estar? Aquí nomás, esperando. Voy a ducharme rápido, avísame cuando termines.
……<7 minutos después>……
—Listo, ya terminé.
—¿Ya?
—Sí, quería hablar contigo, así que lo hice rápido.
—¿No estás cansado?
—El año pasado no, pero este año mi resistencia ha mejorado bastante.
—¿Estás tomando algún suplemento?
—Jajaja, no. Mi entrenador dice que es por los ejercicios de piernas, y creo que tiene razón.
—¿Tanto así?
—Sí, hasta le hago hacer ejercicios de piernas a mi esposo. Es bueno para la energía sexual.
—¿Un soltero como tú sabe qué es bueno para la potencia? ¿Acaso has estado viendo a otra a mis espaldas?
—Jajajaja, ¿tienes que haberlo hecho para saberlo?
—Entonces, ¿cómo?
—Por sensación…
—Bah… Mientes…
—Es algo vergonzoso de decir… Mejor olvídalo…
—¿Qué cosa?? Odio más que nada que empieces algo y no lo termines… Dilo ya.
—Bueno… Pues… Verás…
—Si no hablas rápido, cierro la ventana de chat.
—¡Está bien! Sabes que los hombres se masturban, ¿no?
—¿Y eso qué?
—No, no es eso… No sé si te parecerá gracioso, pero cuando por la mañana no tengo erección o siento baja la libido, me entra una especie de crisis existencial, me deprimo muchísimo.
—Hmm… Creo que entiendo, viendo a mi marido.
—Yo hasta principios de los veinte llegaba a hacerlo dos o tres veces al día, pero con la edad empecé a tener días en que ni siquiera lo hacía. Desde que empecé con los ejercicios de piernas, casi todos los días sí, y hubo un día que llegué a hacerlo tres veces… -.- Qué vergüenza…
—¿Tres veces en un día? ¡Guau!
—Sí.
—Nuestro novio… Ay, mejor ni digo…
—¿Qué pasa? ¿No tienen buena vida sexual?
—Casi nunca. Bueno, más bien él no puede. No lo veo seguido, y cuando viene solo duerme un rato. ¿Qué quieres que espere?
—¿No será que ya entraron en la rutina?
—Quizá ya llegó sin darnos cuenta. Ahora ya ni espero nada.
—¿Entonces tú tampoco sientes deseo?
—Ojalá tuviera anestesia emocional. Cada vez que siento deseo, me estresa.
—Hmm… Si tú no estuvieras casada, quizás ya habría pasado algo entre nosotros.
—Jajaja. Tal vez… ¿Te molesta que sea casada?
—No… A mí no me importa, pero tú eres el problema, ¿no?
—¡Era broma! ¿Te asustaste? Jajaja.
—Es triste… Dos personas jóvenes, estresadas por la frustración sexual…
—Sí… Pero dime, ¿cuándo te masturbas tú?
—Pues… Principalmente antes de dormir.
—¿Y cómo lo haces?
—Como todo el mundo, ¿no? ¿Acaso no has visto a tu marido?
—No… ¿Tú le muestras a tu pareja cómo te masturbas?
—¿Nosotros no nos mostramos mutuamente?
—Yo… Nunca lo he visto… Pero, ¿cómo se hace exactamente? ¿Acostado, sentado? ¿Te quitas toda la ropa o solo el calzón?
—Pues… Depende del momento… En fin, todo lo que mencionaste está incluido… A veces incluso lo he hecho usando la braguita de mi novia, o con medias ligas puestas.
—¿Medias ligas?? ¿Con todo quitado y solo con medias ligas puestas?
—Sí… ¿Ahora pensarás que soy un completo pervertido?
—No… Me parece increíblemente sexy. Me da envidia… Espera, cariño… Creo que el bebé se despertó.
—Sí.
En algún momento, simplemente responder a sus preguntas me había encendido tanto que ya no podía controlarlo. Sentía la cara ardiendo y allí abajo una erección enorme.
Levanté un poco el pantalón y, como imaginaba, la tela del calzoncillo justo en la punta del glande estaba notablemente húmeda.
Quería prolongar este ambiente un poco más, pero me preocupaba qué haría si ella cambiaba de tema.
Decidí revisar mentalmente lo que habíamos hablado hasta ahora.
Ella regresó justo después de que yo repasara nuestra conversación por tercera vez.
—Cariño… ¿Te hice esperar mucho?
—No, para nada…
—¿No tienes curiosidad por mi voz?
—Claro que sí…
—¿Entonces quieres que te llame? Ah, pero… ¿no deberías dormir?
—Ya dije que no estoy cansado… Y aunque lo estuviera, sería la primera vez que escucho tu voz… ^^^
—Justo esperaba que dijeras eso… ^^ Pero me dijiste que vives solo, ¿verdad?
—Sí… ¿Por?
—Tengo miedo de que si llamo muy tarde, moleste a alguien… Pero si vives solo, entonces no hay problema.
—Sí, pero… ¿y si tu marido llega de repente?
—¿Y qué si llega?
—Aun así…
—¡No te preocupes! Debe estar ahora en la autopista.
Temía que el timbre despertara al bebé, así que le di mi número para que llamara a mi casa.
Durante esos menos de un minuto mientras esperaba, temblaba sin control. No era solo emoción, sino una mezcla compleja de sentimientos.
—¿Hola?
—Sí… Tu voz es bonita.
—¿Qué? ¡Me asustaste! Al menos podrías haber dicho "hola" primero.
—Jajaja… Perdón… Me emocioné. Pero en serio, tu voz es preciosa.
—¿Ahora me estás coqueteando?
—Si caes, con gusto te seduciré.
—Primero tendrías que seducirme para que yo decida si caigo o no.
—Ahora que lo pienso, tienes razón.
—Qué torpe eres.
—Pero el bebé sigue durmiendo, ¿no?
—Sí, se movió un poco y ya volvió a dormirse. ¿Y tú qué hiciste mientras?
—Obvio, pensando en ti.
—Suena bien. Además, tu voz es realmente atractiva.
—¿Atractiva? ¿Estás siendo cursi?
—No, cómo explicarlo… Es como si me hiciera cosquillas suaves en los oídos… Da ganas de hundirse en el cuerpo.
—Eso nunca me lo habían dicho. Pero bueno, es un cumplido, ¿no?
—Sí.
—Cariño, te amo.
—……
—Solo porque dije que tu voz es bonita, intenté crear ambiente, pero no respondes. ¿Hola? ¿Hola?
—Ca… cariño, creí que se me paraba el corazón. Ay…
—Ya hemos hecho esto en el chat más de una o dos veces, ¿por qué te pones así ahora?
—¡Pero es completamente distinto! Todavía siento el corazón acelerado.
—Entonces, ¿debería dejar de hacerlo?
—No sé…
—Jajajaja. ¿Quieres que vuelva a crear ambiente?
—¿Cómo?
—Antes, en el chat, tú me hiciste preguntas. Ahora yo quiero preguntarte algo que me intriga.
—¿Qué?
—Pues… Dijiste que casi no tienes relaciones con tu marido, ¿verdad?
—Sí.
—¿Al menos dos o tres veces al mes?
—No.
—¿Entonces?
—Si hay una vez, ya es suerte. A veces ni eso.
—¿Cuándo fue la última vez?
—Hace como mes y medio…
—¿Y cómo manejas la frustración sexual?
—¿Qué dices? ¡Qué vergüenza!
—Yo ya dije cosas peores.
—Aun así…
—¿Te masturbas?
—Sí…
—¿Usas juguetes u otras cosas?
—¿Dónde voy a comprar eso? Solo con la mano.
—Hmm… ¿Lo haces seguido?
—Una o dos veces por semana. A veces más, a veces menos.
—¿Lo haces viendo algo o solo imaginando?
—Las dos cosas.
—Hmm… Entonces, ¿cuándo fue la última vez que lo hiciste?
—No sé, qué vergüenza…
—Ya, ¿qué tiene de vergonzoso ahora?
—¿Y tú cuándo lo hiciste?
—Desde este año, todos los días.
—¿Después de romper con tu novia, no has estado con otra mujer?
—¿Dónde iba a estar con otra?
—¿No vas a lugares como salones privados?
—Hmm… No me gustan mucho esos sitios.
—Mientes…
—Puedes creer lo que quieras… Yo claro que disfruto la penetración, pero para mí los besos y las caricias son fundamentales. Sin ese proceso, no me excito, y aunque penetre, no siento nada. Pero en esos lugares solo quieren que acabes rápido para cobrar, así que casi no hay caricias. No va conmigo.
—Ah… Entonces sí que solo te has masturbado.
—Aunque dé vergüenza, sí.
—¿Y cuándo sueles hacerlo?
—Depende, pero casi siempre antes de dormir.
—¿Entonces después de colgar conmigo vas a hacerlo y a dormir?
—Jajaja… Quién sabe.
—Me gustaría verlo una vez. Cómo lo hacen los hombres.
—¿No será que quieres verme a mí haciéndolo?
—¿Qué dices…?
—Jajaja, solo bromeaba.
—No sigas así… Ya estoy sintiendo cosas raras.
—¿En serio?
—Sí… Pero tú solo juegas todo el tiempo.
—La verdad es que yo también estoy incómodo. Solo fingía tranquilidad porque temía que te sintieras rara.
—Ah… ¡Pensé que solo yo me sentía así! Qué vergüenza…
—No eres la única, no te preocupes. Pero dime… ¿estás muy excitado?
—… Sí… ¿Y tú?
—Yo también estoy muy excitado… Me frustra no poder mostrártelo.
—¿O sea que… está grande?
—¿Qué?
—Ay… ¿Por qué finges que no sabes?
—No es fingir, es que quiero oírte decirlo directamente.
—¿Y si lo digo directamente te gusta más?
—Creo que sí.
—Hmm… A… no puedo… ¡Qué vergüenza!
—¿Qué tiene de vergüenza? Anda, dilo.
—Ca… cariño… tu… tu pene está grande?
—No es solo grande. Ya mojé el calzoncillo.
—¿Los hombres también mojan tanto?
—Ni yo recuerdo haber tenido tanta… Metí la mano dentro del calzoncillo y tenía líquido resbaladizo. ¿Tú también mojas?
—Sí…
—¿Mucho?
—No es solo mucho…
—¿Tanto que gotea?
—Pues… La verdad es que ya me cambié una vez de bragas.
—¿Porque mojabas mucho?
—Sí…
—¿Cuándo? ¿Antes de llamarme?
—No, la verdad es que el bebé no se había despertado. Empecé a excitarme cuando sacaste el tema de la masturbación, y cuando dijiste que te masturbaste con medias ligas, de pronto se me vino la imagen y empecé a mojar sin control. Así que usé la excusa de que el bebé se despertó para cambiarme. Pero ahora ya volví a mojar igual que antes. Ni yo sabía que podía mojar tanto.
—¿El hecho de que me masturbara con medias ligas te excitó tanto?
—Sí… Ahora mismo sigo imaginándolo.
—¿Apagaste la computadora?
—No, ¿por?
—Mi exnovia me tomó unas fotos en ese momento. ¿Quieres que te las mande?
—¿En serio?
—Sí, te las mando, y después me llamas.
—De acuerdo.
Le envié tres fotos: una de mis nalgas con medias ligas puestas, otra donde se veía claramente bajo las medias ligas mi pene erecto, y una tercera donde bajaba ligeramente las medias y sacaba fuera mi pene completamente duro.
Mientras esperaba su llamada, fumé un cigarrillo durante unos cinco minutos, muerto de curiosidad por saber qué reacción tendría.
—¿Qué tal?
—Ha… ¿Qué hago? Ah… Cariño, estoy tan excitada…
—¿Te gustó tanto?
—Sí, es muy estimulante. Ah… Quiero chupar tu pene…
—Ay… Me vuelves loco. Cariño… ¿sigues mojando ahí abajo?
—Sí… Me está goteando por el costado de la braguita…
—Quisiera chupar todo ese líquido de tu vagina.
—Ah… Ah…
—Cariño, ¿qué llevas puesto ahora?
—Ha… Ah… Solo llevo puesta la braguita.
—Entonces, mete la mano dentro y toca tu clítoris, ¿sí?
—Ah… Ya lo estoy haciendo… Justo ahora…
—Yo también estoy tocando mi pene.
—¿Ah… En serio?
—Espera, me quito toda la ropa.
—Sí… ¿Me quito la braguita también?
—Sí.
—Cariño, ¿todavía estás viendo las fotos?
—Sí… Las sigo viendo.
—Ahora quiero meter ese pene que estás viendo dentro de mi vagina.
—Ah… Cariño… Ha… Ah… Me voy a volver loca…
—¿Quieres que te chupe la vagina?
—Ah… Sí, chúpamela.
Hice con la boca el sonido de chupar la vagina. Ella no dijo nada, solo gemía sin control.
—Cariño… Ahora yo te voy a chupar a ti…
—Sí… Imagina que mis dedos son mi pene y chúpalos…
—Voy a mirar la foto de tu pene fuera de las medias ligas e imaginaré que tus dedos son tu pene mientras los chupo.
Esta vez, desde el otro lado del auricular, escuché sus sonidos. Estaba tan excitado que estuve a punto de correrme, pero tuve que aguantarme.
—Ah… No puedo más. Cariño, acuéstate. Quiero penetrarte.
—Jadeo… Jadeo… Está bien… Espera… Sí… Ya estoy acostada.
—Ábrete las piernas…
—Ya están abiertas…
—Voy a penetrarte… Lo haré despacio, así que haz lo mismo que yo diga, imagina que tus dedos son mi pene y muévelos como yo te diga…
—Sí…
—Solo metí un poco la punta. ¿Cómo se siente?
—Ah… Cariño…
—Ahora entro más lentamente, más adentro.
—Ah… ¡Ah!
—Estoy moviendo lentamente mis caderas. Hacia adelante y atrás, y también girando en círculos.
—Ah… Más fuerte… Más… Fuerte… Hazlo más fuerte…
—Sí… Abre… más… las piernas…
—Ah… Más… Adentro… Más…
—Cariño, ahora ponte boca abajo. Quiero hacerlo por detrás.
—Sí…
—Voy a entrar…
—Ah…
—Esta vez más rápido…
—Ah… Más… Rápido… Más… Rápido…
—Te voy a hacer el sonido de cómo me masturbo… Escucha bien… Chuk… Chuk… Chuk… Tack… Tack… Tack…
—Ah… Hmm… Sí…
—Cariño, ahora pon el auricular contra tu vagina y hazme oír el sonido de tus jugos.
—Ha… Sí… Sí… Puck… Puck… Chup… Chup…
—Ah… Uf… Cariño… Yo… voy… a correrme… Ah…
—Ah… Mmm… Cariño, solo un poco más, solo un poco más y yo también voy a llegar…
—Bien, entonces quédate bien acostada con las piernas bien abiertas… Te voy a penetrar bien fuerte…
—Hmm… Ah… ¡Ah! Cariño… Yo… voy… a… llegar…
—Sí… Entonces… Hagámoslo… juntos… Ugh…
—Ah… ¡!!!AAAAHHHH!!!