Smutlore
Volver al relatoSumergida en la excitación. - PrólogoCap. 1 / 1

Capítulo 1 — Sumergida en la excitación. - Prólogo

757 palabras · ◷ 0

--- Prólogo — Sumergida en la excitación

10 a.m... He mandado a mi marido al trabajo y ahora estoy frente a la entrada de un internet cafe en el sótano...

Ni es la mañana ni la hora del almuerzo, es una hora incierta. Justo el momento en que el internet cafe suele estar más vacío, así que acordamos encontrarnos específicamente a esta hora.

Habíamos pactado que, al abrir la puerta, entraría, me dirigiría al ordenador A18 y pediría un vaso de leche.

Tomo el pomo de la puerta de cristal.

Corazón palpitante... nervios... emoción... y también remordimiento. Una mezcla de sentimientos complejos que se entrelazan y me provocan una extraña excitación.

Empujo la puerta de cristal y entro. Suena el tintineo de la campanilla colgada, y desde el mostrador, un joven me echa un vistazo rápido antes de desviar la mirada.

Debe haber pasado la noche entera aquí, cuidando el lugar. Se le ve agotado...

Quizás por eso no le extraña demasiado ver a una mujer de cuarenta y tantos entrar en un internet cafe a esta hora, algo poco común, pero no dice nada.

Caminando con el repiqueteo de mis tacones, busco la silla A18...

Por estar en el sótano, o tal vez por la naturaleza misma de estos lugares, el ambiente es húmedo en general.

Zona de fumadores y zona sin humo... La sección A era la zona sin humo, ubicada cerca del mostrador, en los asientos delanteros.

A esta hora no hay estudiantes, y los hombres con cigarrillos en la boca están sentados en rincones apartados dentro de la zona de fumadores...

15... 16... 17... 19... ¿Qué? No hay A18... Tras el 17 sigue directamente el 19. Supongo que, para evitar confusiones al pronunciarlo, omitieron el número 18 y pasaron al 19.

Pero yo había quedado con él en el A18...

Las sillas 17 y 19 estaban en un rincón apartado, en los extremos, difíciles de ver desde el mostrador a menos que alguien se levante.

Había llegado un poco después de la hora acordada, pero aun así, no había nadie en el sitio.

Me senté en la silla 19. Preferí estar lo más cerca posible de la pared, en un rincón, porque así me sentía más tranquila. Luego pedí un vaso de leche.

A medida que pasaba el tiempo, mi tensión aumentaba. ¿Por qué no aparecía? ¿Se estaría retrasando? ¿O acaso no vendría en absoluto?

Durante tres meses habíamos hablado por chat...

Nos conocimos en una sala de un sitio web que despertaba curiosidad, y poco a poco, al no bastarnos ya las conversaciones, decidimos encontrarnos así, en persona.

Lo que se llama un"offline meeting".

Pero este encuentro hoy es como una especie de presentación formal. Solo para vernos, nada más...

Sobre él, en realidad no sé nada, salvo que es más joven que yo.

Por supuesto, él tampoco preguntó mucho sobre mí, solo que soy una ama de casa de finales de los treinta.

Hablamos con frialdad, sin importarnos la apariencia o la edad del otro, solo intercambiamos historias llenas de curiosidad sexual y estímulos.

Como mujer a punto de cumplir cuarenta... como ama de casa casada... no fue una decisión fácil venir hasta aquí.

Los largos días de frustración y ansiedad por la impotencia de mi marido... y luego, ese pequeño respiro que encontré en el chat...

El placer y la excitación que sentí por ello me dejaron un sabor de añoranza... y así, engañándome a mí misma diciendo que esto es solo un"reconocimiento", crucé la línea que no debería haber cruzado.

Nuestras conversaciones eran casi siempre de naturaleza SM. Incluso el título de la sala del sitio de chat era"Perra caliente, entra aquí"...

Ese título que en otro momento habría considerado una ofensa... ¿por qué en ese instante me hizo sentir tanta emoción?

Al reconocerme a mí misma como una"perra en celo" y entrar, las conversaciones siguieron un rumbo aún más obsceno.

Y extrañamente, esas palabras, esas órdenes y acciones imaginadas... llenaron el vacío de mi vida conyugal.

De hecho, podría decirse que, gracias a esas conversaciones y dinámicas con él, pude cumplir con mi deber conyugal de forma más"diligente"...

De cualquier forma, aquí estoy ahora... sentada en una silla de internet cafe, sosteniendo un vaso de leche, esperándolo...

Escucho pasos bajando por las escaleras...

Creo ver una silueta tras la puerta de cristal...

La puerta se abre, suena la campanilla... y él entra...

Ahora lo conoceré... y continuaré lo obsceno, no ya en un espacio virtual, sino en la realidad... Mi vida comienza a teñirse progresivamente con la excitación...

¿Te ha gustado? Apoya al autor para que llegue el siguiente capítulo.

Apoyar a Adrian Noh

Has llegado al final de este relato.

Tu posición se guarda en este dispositivo.

Comentarios

Sin comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Con respeto. Todo lo que incumpla la política de contenido se elimina.